Los fusilamientos del dos de mayo

Los fusilamientos del dos de mayo

Dos de mayo in english

Siento ardientes deseos de perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa.—Ápud Glendinning (2005), pág. 120.[6]​[7]​
El 3 de mayo de 1808 ha inspirado numerosos cuadros, como El fusilamiento de Maximiliano, de Édouard Manet, así como otras obras de éste relativas a la acción bélica. Guernica y Masacre en Corea son las dos obras de Pablo Picasso en que se aprecia la influencia de Los fusilamientos.
Se trata, como considera Bozal,[37]​ de uno de los cuadros más apreciados y que más repercutieron en la obra de Goya y en la forma en que ha sido examinada. También, enuncia el historiador, refleja como pocas obras el punto de vista contemporáneo hacia la comprensión de la esencia de toda conflagración.
Podría esperarse un cuadro que ensalzara al héroe como protagonista del cuadro. Bozal aprecia que Goya pudo colocar en el centro de su composición a los militares que más descollaron durante la guerra, Daoíz y Velarde, para establecer un opuesto paralelismo con aquellas obras que manifestaban el poder del emperador galo —cuyo prototipo era Napoleón cruzando los Alpes—.

los fusilamientos del 3 de mayo análisis

The painting’s content, presentation, and emotional force secure its status as a groundbreaking, archetypal image of the horrors of war. Although it draws on many sources from both high and popular art, The Third of May 1808 marks a clear break from convention. Diverging from the traditions of Christian art and traditional depictions of war, it has no distinct precedent, and is acknowledged as one of the first paintings of the modern era.[4] According to the art historian Kenneth Clark, The Third of May 1808 is «the first great picture which can be called revolutionary in every sense of the word, in style, in subject, and in intention».[5]
Under the guise of reinforcing the Spanish armies, 23,000 French troops entered Spain unopposed in November 1807.[8] Even when Napoleon’s intentions became clear the following February, the occupying forces found little resistance apart from isolated actions in disconnected areas, including Saragossa.[9] Napoleon’s principal commander, Marshal Joachim Murat, believed that Spain would benefit from rulers more progressive and competent than the Bourbons, and Napoleon’s brother Joseph Bonaparte was to be made king.[10] After Napoleon convinced Ferdinand to return Spanish rule to Charles IV, the latter was left with no choice but to abdicate, on March 19, 1808, in favor of Joseph Bonaparte.

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The painting’s content, presentation, and emotional force secure its status as a groundbreaking, archetypal image of the horrors of war. Although it draws on many sources from both high and popular art, The Third of May 1808 marks a clear break from convention. Diverging from the traditions of Christian art and traditional depictions of war, it has no distinct precedent, and is acknowledged as one of the first paintings of the modern era.[4] According to the art historian Kenneth Clark, The Third of May 1808 is «the first great picture which can be called revolutionary in every sense of the word, in style, in subject, and in intention».[5]
Under the guise of reinforcing the Spanish armies, 23,000 French troops entered Spain unopposed in November 1807.[8] Even when Napoleon’s intentions became clear the following February, the occupying forces found little resistance apart from isolated actions in disconnected areas, including Saragossa.[9] Napoleon’s principal commander, Marshal Joachim Murat, believed that Spain would benefit from rulers more progressive and competent than the Bourbons, and Napoleon’s brother Joseph Bonaparte was to be made king.[10] After Napoleon convinced Ferdinand to return Spanish rule to Charles IV, the latter was left with no choice but to abdicate, on March 19, 1808, in favor of Joseph Bonaparte.

the third of may 1808

Mientras tanto, en Madrid se constituyó una Junta de Gobierno que Fernando VII había dejado encargada de los asuntos de gobierno antes de partir para entrevistarse con Napoleón.[3]​ Pero el poder efectivo quedó en manos de Murat, que redujo la Junta a mero títere, un simple espectador de los acontecimientos. El 27 de abril, Murat solicitó, supuestamente en nombre de Carlos IV, la autorización para el traslado a Bayona de los dos hijos de este que quedaban en la ciudad, la reina de Etruria María Luisa, y el infante Francisco de Paula. Aunque la Junta se negó en un principio, tras una reunión de urgencia en la noche del domingo 1 al lunes 2 de mayo, y ante las instrucciones de Fernando VII llegadas a través de un emisario real desde Bayona, finalmente cedió.
Si bien la resistencia al avance francés fue mucho más eficaz de lo que Murat había previsto, especialmente en la puerta de Toledo, la puerta del Sol y el Parque de Artillería de Monteleón,[4]​ su operación de cerco le permitió someter a Madrid bajo la jurisdicción militar y poner bajo sus órdenes a la Junta de Gobierno. Poco a poco, los focos de resistencia popular fueron cayendo.

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